
La Constitución de Colombia consagra la educación como un derecho fundamental, y el Estado tiene la obligación de garantizar su acceso, calidad y cobertura. El sistema educativo se divide en tres niveles formales: preescolar, básica y media, y educación superior; mientras que la educación no formal abarca programas de formación técnica, profesional y comunitaria destinados a poblaciones vulnerables. Esta perspectiva integral busca fomentar el aprendizaje a lo largo de toda la vida y reducir las brechas sociales y regionales.
Cobertura en la educación formal
En 2022, la tasa neta de matriculación en educación primaria alcanzó el 94,7 %, reflejando que casi la totalidad de los niños en edad escolar asiste a la escuela[1]. En educación secundaria baja, el porcentaje fue de 81,3 %, evidenciando una caída en la permanencia conforme los estudiantes avanzan de grado[1]. En el nivel terciario, la tasa bruta de matrícula llegó al 59,3 % en el mismo año, un incremento frente al 58,3 % de 2021, lo que señala un crecimiento sostenido en el acceso a la educación superior[2].
Calidad docente y recursos
El 97,6 % de los docentes de primaria contaba con capacitación formal en 2022, y las mujeres representan más del 77 % del profesorado en ese nivel[1]. Esta alta proporción de maestros calificados mejora los procesos de enseñanza-aprendizaje en las zonas urbanas, aunque persisten retos en áreas rurales y contextos de posconflicto, donde la cobertura docente y la infraestructura educativa son más precarias.

Educación no formal y programas de inclusión
La educación no formal complementa el sistema formal mediante cursos de capacitación técnica, programas de alfabetización para adultos y proyectos de UNICEF dirigidos a poblaciones desplazadas, que en 2023 atendieron a más de 29 000 niños fuera del sistema escolar[1]. Estas iniciativas son esenciales para garantizar oportunidades educativas a migrantes, refugiados y comunidades afectadas por desastres naturales.
Alfabetización y brechas demográficas
Colombia alcanza una tasa de alfabetización del 92 % en la población general, pero en los mayores de 65 años este indicador desciende al 81,4 %[1]. La alfabetización de jóvenes de 15 a 24 años supera el 99 %, lo que denota un avance significativo en la formación básica, aunque aún es urgente fortalecer programas de lectura y escritura para adultos mayores y poblaciones rurales.
Desafíos en la empleabilidad juvenil
El porcentaje de jóvenes entre 18 y 24 años que ni estudian ni trabajan (NEET) se situó en el 28,7 % en 2023, muy por encima del promedio de la OCDE, que es del 14,7 %[3]. Este fenómeno alerta sobre la desconexión entre el sistema educativo y el mercado laboral, y subraya la necesidad de articular formación técnica y empleo, así como de crear políticas de inserción y reconversión profesional.

Financiamiento y sostenibilidad
En 2020, Colombia destinó el 6,6 % de su PIB a la educación de primaria a terciaria, cifra superior al promedio de la OCDE del 5,1 %, lo que demuestra un compromiso presupuestal sólido[3]. No obstante, la eficiencia en el uso de estos recursos varía según la región y el nivel educativo, por lo que es clave optimizar la asignación de fondos y priorizar inversiones en infraestructura y tecnologías educativas.